Agricultura urbana como motor de cambio

Desde los inicios de la agricultura hemos venido adaptando los ecosistemas para transformarlos en zonas de producción de alimentos, eligiendo los mejores lugares para ubicar los asentamientos humanos, casi siempre cerca de ríos o lagunas que prometían grandes cosechas gracias a la disponibilidad del recurso hídrico (indispensable para la agricultura) y a la excelente calidad de los suelos. Era una agricultura familiar, ecológicamente sostenible y que proveía de alimentos saludables a la población local. 

Con el pasar del tiempo las líneas de comercio sobrepasaron las fronteras, llevando especies de plantas y animales a lugares muy alejados de su lugar de origen, tal es el caso de las vacas, las cuales son oriundas del Medio Oriente y que hace más de 10.000 años empezaron a domesticarse y distribuirse a todos los rincones del planeta así también con muchas variedades de frutas y hortalizas que gracias a la domesticación podemos disfrutar actualmente, muchos de los alimentos que consumimos no son autóctonos de nuestra zona, como por ejemplo: sandias, melones, ajo, plátano, piñas, entre otros.

Como podemos notar, los alimentos han venido viajando desde tiempos remotos, llegando a adaptase a nuevos lugares y condiciones climáticas muy diferentes a sus lugares de origen. En la actualidad los alimentos siguen viajando de un lugar a otro, diariamente millones de toneladas de comida que terminan en nuestras mesas salen de pequeñas y medianas fincas alrededor de todo el planeta para satisfacer la demanda alimentaria de una población en constante crecimiento (ya somos más de 7870 millones de personas), muchos de los alimentos que consumimos viajan largas distancias hasta llegar a una estantería y posteriormente hasta nuestras mesas.

Pero este sistema alimentario tiene mucho déficit, ya que se producen mas alimentos de los que necesitamos y gracias a una mala distribución de la comida mas de 700 millones de personas diariamente sufren de hambre y a esto se suman las cifras de desperdicio alimentario que ascienden a más de 1300 millones de toneladas de alimentos al año.

A mediados de los 90 llegó la revolución verde, prometiendo revolucionar el sistema agropecuario de la mano de insumos elaborados de manera sintética, fertilizantes, herbicidas e insecticidas que poco a poco fueron transformando los sistemas tradicionales de agricultura orgánica autosuficientes que han venido evolucionando de la mano con los seres humanos a un sistema dependiente de químicos nocivos para nuestra salud y los ecosistemas que beneficia a unas cuantas empresas que los fabrican.

En un mundo que se mueve gracias al petróleo (un recurso finito) no podemos darnos el lujo de seguir alimentándonos de productos que vienen de lugares lejanos a nuestro hogar, ya que los precios del combustible cada vez están en aumento y llegarán a un punto en el que el alimento este solo disponible para quienes tengan poder adquisitivo. Para este tiempo ya las mejores tierras del planeta están siendo ocupadas o ya han sido compradas por empresas agroindustriales transnacionales que se dedican a sembrar pobreza, ya que manipulan los precios del mercado y dejan sin trabajo a millones de campesinos y campesinas alrededor del mundo cuyo único bien preciado es la tierra, estas empresas reemplazan la mano de obra humana por maquinas que se funcionan a base de combustibles fósiles que provienen de cultivos de maíz o soja genéticamente modificada, maíz o soja que podría ser alimento para seres humanos.

Las empresas agroindustriales han venido privatizando la agricultura campesina con leyes y regulaciones que favorecen sus negocios en todos los países en donde llegan sus tentáculos, apoderándose de semillas que han venido siendo cultivadas por miles de años por pequeños agricultores que protegen la tierra y volviendo ilegal cultivarlas de manera autónoma y soberana. La agricultura está siendo manejada por empresarios que ven a la tierra como un bien, no como un medio de vida, comerciando sus productos a precios a precios de rebaja y especulando en el mercado de valores para obtener los mejores beneficios en cada cosecha.

Aunque existan tantas problemáticas a nivel mundial en base a nuestro sistema alimentario también tenemos esperanza en nuevos modelos de distribución de los alimentos, empezando con la producción y consumo local de los productos del campo que prometen precios justos a los pequeños agricultores y ayudan a crecer la economía local y protegen la biodiversidad genética de los agroecosistemas.

En los últimos años se ha evidenciado una creciente demanda de productos libres de químicos cultivados con sistemas agroecológicos que se preocupan por que las futuras generaciones sigan teniendo libre acceso a alimentos nutritivos a precios justos. Muchas ciudades están empezando a producir sus alimentos localmente en pequeñas parcelas urbanas que antes fueron lotes, parques, terrazas o patios y que ahora proveen de alimento a familias que se dedican a esta labor, ya sea por economía o por salud, pero estos modelos de producción están creciendo en silencio como semillas en el bosque.

En la actualidad la agricultura urbana es un tema que poco a poco está tomando fuerza, ya sea como una actividad de ocio, fuente de alimentos o como un espacio educativo en el que se vinculan diferentes estratos sociales y económicos. Es un espacio que provee servicios ambientales y a la vez fomenta la soberanía alimentaria.

Esta agricultura local promete ser una fuente de alimentos en tiempos adversos ya que como es producida localmente no depende de grandes trayectos para llegar a nuestras mesas, sino que provee localmente de alimentos frescos a bajo costo y de alto valor nutritivo. ¿Quién se podría imaginar que una huerta de 10 m2 podría alimentar a una familia promedio? Quizás para muchos no sea posible realizar esta actividad por la vida acelerada que llevamos, por la falta de conocimientos que se requiere o simplemente porque no se encuentra la motivación para poder realizar esta práctica, pero con el pasar de los años esta actividad se convertirá en una necesidad básica de cada individuo.

No podemos esperar a que lleguen políticas milagrosas que prometan resolver los problemas que están sucediendo en torno a la agricultura, pero si podemos tomar acción y empezar a informarnos, educarnos y poner en práctica lo aprendido, desacostumbrándonos del modo de vida inmediato el cual provee de alimentos en una simple transacción de 5 minutos cuando un tomate promedio tardo 4 meses en ser fruto, posiblemente esta desconexión de los ritmos naturales sea una de las principales causas de todos los problemas sociales, ambientales, económicos y espirituales que nos asechan.

Actualmente no podemos producir alimentos para toda una ciudad dentro de ella, pero vean a la agricultura urbana como una forma de resistencia y resiliencia en contra del sistema agroalimentario vigente, una forma de activismo que evidencie la necesidad de alimentos orgánicos de parte de una ciudadanía pide satisfacer su demanda y de esta forma haciendo llegar a oídos que desconocen de los problemas que rodean la agricultura para ejercer presión en el campo y de esta forma se empiece a cubrir la demanda de productos orgánicos. Muchos agricultores no cambian sus modelos de producción aún porque no hay la suficiente demanda de productos orgánicos para motivarse a cambiar de línea de producción.

Cambiar la manera en que producimos nuestra comida supone un gran reto, pero si empezamos a poner de nuestra parte cada grano de arena suma para equilibrar la balanza. No es un camino fácil, es de arduo trabajo, pero para transformar una sociedad debemos empezar por nuestra alimentación, que sea libre, justa y soberana, la agricultura urbana como motor de cambio.

-Boris Cruz Morán  «La Movida Verde»

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